martes, 21 de mayo de 2024

Podéis volar

"Enjauladas en nuestro cuerpo", eso pensé tras hablar con mis alumnas y decirme que no querían ir al parque acuático con la clase porque no la viesen en ropa de baño. 

Me remueve, nos debería remover a todas, o todos, no sé. 

Llega mayo, las temperaturas suben y la alergia también, lo sabéis. Como cada año, toca cambiar de armario y con ello desnudar piernas, brazos, escote...Durante años viví esa transición con mucha angustia. 

¿El color de mi piel sería lo suficientemente morena?, ¿mis brazos o vientre lucirían flácidos o atléticos?,¿ mis muslos estarían en su justa media?...en resumidas cuentas :¿mi cuerpo pasaría el escrutinio de las miradas ajenas cuando se desnudase un poco?, ¿por qué me creaba tantas inseguridades?, ¿por qué lo pasaba tan mal?, ¿porque necesitaba esa aprobación externa?


No, no soy la única, lo sé. Y no, no me tachéis de nada. En la adolescencia los cambios del cuerpo, mente y alma son brutales, aceptarlos es una victoria necesaria pero a las chicas no se nos pone fácil. Si hablamos de mi época hablábamos de la cultura de las Mama Chicho, Cacao Maravillao, las chicas de Gil, las portadas de la revistas juveniles o las actrices de Sensación de Vivir o compañía. Si avanzamos, estamos en un capitalismo de la imagen que me atrevo a juzgar más duro: Tik Tok, Instagram, filtros, culto al cuerpo desmedido, pantalones para realzar, disimular, eliminar, bragas ídem, clínicas estéticas cada vez más jóvenes, alfombras rojas cada semana con cuerpos de infarto según el canon de belleza del momento…Es una masacre para el amor propio de nuestras niñas, para la diversidad, para las lorzas, michelines, estrías y piel de naranja, para honrar y amar a sus cuerpos. ¿Qué pasaría si mañana mismo todas las chicas y mujeres os quisiéramos tal y como somos, cuántas empresas quebrarían? La lista es interminable, poderoso caballero…que nos coge como moneda de cambio para sacarnos los cuartos haciéndonos sentir siempre insatisfechas, mejorables, a medio hacer, imperfectas. 




Sí, en mi caso, los años ayudaron mucho a forjar mi seguridad y autoestima. A no lucir para el resto, al menos no siempre, sino para mí. A vestirme para sentirme yo guapa, divertida, colorida, atractiva…y escribo esto y detecto esa necesidad de decorarnos, como si de una portada de un ayuntamiento en Navidad se tratara. Parece que sin las luces, espumillones y adornos varios colgados no fuéramos ya valiosas y maravillosas. 


Chicas, el mundo no cambiará en breve. Seguimos siendo cosificadas y, a veces, sin querer, nos autocosificamos en aras de este neoliberalismo atroz que nos consume. Así, que mientras estéis aquí, intentad disfrutar de la vida, de los que os apetezca, viendo a vuestros cuerpos como meros vehículos del placer y la diversión y no de la miradas de los demás. Ojalá por un segundo esos chicos y hombres sintieran en sus carnes lo que nosotras sentimos. Sois dueñas de vuestras vidas, guerreras de un escenario en el que toca combatir a quien os juzgue por vuestro aspectos, curvas, delgadez,  pecho o no pecho, culo o no culo, belleza o fealdad. No paréis, por favor, andad, con miedo, pero andad, no estáis solas, somos muchas y muchos los que os queremos por lo que sois como personas.




Y tú, ¿alguna vez juzgaste un cuerpo ajeno? yo sí, muchas veces, y cada día le pongo más conciencia para pararlo. Así que, ¿pones tu grano de arena para ayudar a liberar a tantas adolescentes de la presión de sus cuerpos?