jueves, 27 de abril de 2017

Adolescencia divino tesoro

Alguno de los carteles que decoran nuestro aula

Porque trabajar con adolescente es todo un regalo. En todas las charlas, cursos y artículos que leo inciden sobre la importancia de esta etapa a todos los niveles. Por lo cual , asumo mi profesión con responsabilidad y vocación, mucha vocación.

" En tanto que de rosa y azucena..." comienza el mítico poema que comentábamos en clase para estudiar el Renacimiento. Les costó, y mucho , entender, comprender, ver detrás de las palabras. Tras ello, el debate:

¿Qué pervivencia tiene hoy día el " carpe diem?

Miradas absortas y labios mudos.

¿ Qué es para vosotros "aprovechar el momento" ?

Manos alzadas: " Pues hacer lo que quieras en cada momento", "exprimir los momentos", " no tener preocupaciones"....

¿ Qué es " ser joven"?

Lluvia de ideas: tener buen estado de salud, estar con energía,...

¿ Con qué edad consideráis que alguien está joven?

Silencio. Una mano: la juventud no tiene edad, es un estado. MUERO :)

¿ Hay jóvenes viejos, hay viejos jóvenes?

Manos alzadas de nuevo. Muchas opiniones. La opinión: "para mí ser joven es reinventarse en cada momento, por eso hay personas de edad avanzada jóvenes."

Por favor, no tachéis a la adolescencia de desmotivada y perdida. ¿ O acaso nosotros estábamos súper motivados y con nuestros caminos claros? , y ...si así fuera, ¿ era por elección o por imposición? Nuestros niños, niñas y adolescentes deben ser considerados como personas, sí , es una obviedad, pero muchos adultos establecen jerarquías en las que se posicionan sobre ellos por el mero hecho de tener más edad....Esto da para otro post ;)

Adolescencia, divino tesoro.



Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña,
en este mundo de duelo y de aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura

hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño.

Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,

Herodías y Salomé...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,

con sus dientes el corazón.

Poniendo en un amor de exceso

la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.

¡Y las demás! En tantos
climas, en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa

que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo
terco, mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco a los
rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!


Rubén Darío


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