viernes, 18 de agosto de 2017

Mi franchusevillana


Desde pequeña tuve claro no sé si  por instinto, educación, naturaleza intrínseca...que conocer a gente era lo que le daba a la vida sentido. Ya, de pequeñita,  en la playa me cuenta mi padre que iba diciendo a niñitxs desconocidxs: " ¿ quiere ser mi amigx?". 
Ellas llegaron como un soplo de aire fresco, como un vendaval de apoyo, escucha y cero juicios. Ellas saben bien quiénes son. Lo que empezó virtual se materializó y nos pudimos tocar y oler. Y ahí empezó todo. Mis nuevas amiguitas. 
Estercita vivía en París y en mi mente viajera siempre estaba subir a verla. Y tozuda soy, sin duda. Así que allí nos plantamos mi pequeña y yo. 
Convivir con ella ha sido una experiencia cargada de emociones diferentes en la que "sentirse como en casa" ha sido la predominante. 
Me he aproximado a sentir lo que supongo que antaño las mujeres que criaban en "tribu"experimentaban. Acompañadas de otras mujeres,compartían inquietudes, risas, enfados, frustraciones, apoyo, ayuda, escucha...Desde el respeto  y el cariño, caminando de la mano. 
Hemos sintonizado a la perfección. Eso no pasa a diario, no te topas con personas tan trabajadas personalmente, tan calmas, tan comprensivas, con tanto amor para dar y tanta fuerza para salir a flote en las marejadas de la vida. 
En este mundo en lo que lo que lxs niñxs importan relativamente poco ( cada vez más guarderías en vez de políticas conciliadoras reales, menos dinero a educación, hacinamiento y  adoctrinamiento en las aulas, premios y castigos...) , vivir slow como lo hace ella en la crianza de sus hijos( aunque ella no lo sienta exactamente igual), priorizando el amor al resto de cosas materiales o sentimientos, es para arrodillarse y alabarla. 
Afortunada de conocerla, de compartir ese tiempo en familias y de tenerla ya para siempre en mis pensamientos. 
Gracias, franchu.

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