Porque todo depende del cristal con que se mire. Desde aquí miraré cual pirata con su catalejo para descubrir colores y formas, sabores y olores, sonidos y música. Te presto mi caleidoscospio, ¿ miras?
sábado, 24 de noviembre de 2018
Aquelarres necesarios
Llovía, llovía mucho y el camino al encuentro era fantasmagórico con tanta niebla. Un cedé antiguo a toda pastilla rescatado de una mudanza aliviaría el corto pero intenso trayecto.
Llegó, el lugar de encuentro cerraba por vacaciones y el entorno, muerto como toda ciudad costera con lluvias, no dejaba atisbo de ningún otro lugar abierto. Pronto vieron como, no muy lejos, un pequeño bar con letrero folclórico, parecía mostrar señales de vida.
En la entrada un señor mayor tomaba su café con cigarro. Dentro no había ni un alma. Ni falta que hacía.
Ella pintorreó el mantel con su inteligible letra marcada por muchos escritos a sus espaldas y muchas espaldas escritas. Espaldas cargadas del peso del día a día, del peso de otras generaciones, del peso que a veces supone vivir.
Pintó números, letras, cuadros, flechas,...tachó, subrayó, redondeó...Las otras miraban, bebían, pensaban, miraban a sus ojos para conectar con ella, para conectarse con ellas.
No había duda. Sus poderes estaban siendo soterrados y el aquelarre le estaba ayudando a recordar cuáles eran. No hizo falta cola de rata, ni ojos de alacrán, ni vello púbico de una monja para el conjuro. No hicieron falta sombreros de pico, verrugas en la nariz ni un caldero al fuego. No hubo escobas ni risas maléficas.
Hubo complicidad, compasión, amor, comprensión, empatía, amor...Hubo lazos, fuertes lazos que mantenían viva la llama de la amistad.
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